La excelencia está en la ejecución
Ensayo sobre experiencia, pensamiento crítico y aprendizaje.
¿Dónde está la Excelencia?
No está en el discurso.
No está en el resultado.
La excelencia está en la ejecución.
Existe una confusión muy común cuando hablamos de excelencia. Muchas personas creen que aparece en el discurso. Otras creen que aparece en el resultado. Pero la excelencia no está en ninguno de los dos.
Vivimos en una época en la que las ideas aparecen todo el tiempo. Surgen en reuniones, en presentaciones bien elaboradas, en videos cortos en las redes sociales. Siempre hay alguien explicando cómo algo debería hacerse.
El discurso rara vez falta. Pero el discurso no exige confrontación con la realidad. Puede existir únicamente en el plano de las ideas. Y las ideas, por buenas que sean, no siempre han sido probadas en la práctica ni garantizan resultados.
Lo curioso es que el resultado también puede ser engañoso. Un resultado puede ser impresionante. Puede generar reconocimiento, recursos financieros o visibilidad. El resultado puede ser azar, puede ser suerte, incluso puede ser fruto de un buen trabajo. Resultado es resultado. Una victoria de 1-0 sigue siendo victoria; no importa si el gol fue de chilena o con la barriga.
Pero aquí el foco es dónde está la excelencia. Y el resultado, por sí solo, no necesariamente revela excelencia. Solo revela que algo ocurrió.
Entre el discurso y el resultado existe un territorio que rara vez aparece. Ese territorio se llama ejecución. Es allí donde las ideas se encuentran con el mundo real. Es allí donde surgen limitaciones, errores, ajustes y decisiones.
La ejecución exige algo que el discurso no exige: pensamiento en contacto con la realidad.
Mientras una idea permanece solo en el discurso, todavía no ha producido ninguna experiencia. La experiencia surge en el momento en que alguien comienza a hacer. Es en el hacer donde aparecen los imprevistos. Es en el hacer donde descubrimos que podemos estar equivocados. Es en el hacer donde los desafíos surgen de verdad.
Y es precisamente esa experiencia del hacer la que, poco a poco, produce el resultado.
El resultado, por lo tanto, no nace directamente de la idea. Nace de la experiencia construida durante la ejecución. Por eso la excelencia no está en el discurso ni en el resultado. Está en el proceso que genera experiencia.
Está en la ejecución.
La experiencia de Simone Weil
En la década de 1930 la filósofa Simone Weil tomó una decisión curiosa. Escribía sobre el trabajo y sobre la condición de los obreros en la sociedad industrial. Pero percibió algo que la incomodaba: muchos intelectuales discutían el trabajo obrero sin haber vivido jamás esa experiencia.
Entonces decidió hacer algo inusual. Dejó temporalmente su carrera como profesora y fue a trabajar como obrera en fábricas. No como observadora, sino como una trabajadora común en la línea de producción.
Creía que ciertas realidades no pueden comprenderse únicamente mediante la reflexión. Necesitan ser vividas.
Una lógica simple ayuda a explicar esto: ¿quién podría hablar mejor sobre la vida de la clase obrera de la época? ¿Pensadores que escriben sobre ello desde sus bibliotecas sin haber experimentado la realidad de la fábrica? ¿O un pensador que vive el trabajo diario en la línea de producción?
Esa fue exactamente la lógica que llevó a Simone Weil a la fábrica. La misma lógica también la llevó a la guerra, pero esa es otra historia.
Al decidir trabajar como obrera, cambió la distancia de la teoría por la experiencia directa. Y esa experiencia cambió la forma en que comprendía aquello sobre lo que escribía.
Porque la experiencia del hacer revela cosas que la teoría aislada no puede mostrar.
Hay algo profundamente verdadero en esa actitud. La ejecución obliga al pensamiento a salir de la comodidad de las ideas. Exige adaptación, observación y decisión. Exige pensamiento crítico.
Y es justamente en ese punto donde la experiencia se vuelve importante. Porque la experiencia no es solo vivir algo. Podemos vivir algo sin reflexionar sobre ello. La experiencia es lo que ocurre cuando la acción y la reflexión se encuentran.
La ilusión del atajo tecnológico
Hoy vivimos un momento que, hace pocos años, parecía imposible. Con el avance de las inteligencias artificiales, muchas tareas técnicas se han vuelto más rápidas y accesibles. Escribir textos, generar imágenes, programar herramientas u organizar información son procesos que ahora toman solo unos pocos minutos.
En cierto sentido, ejecutar técnicamente algunas tareas parece más fácil que nunca. Pero eso no significa que la ejecución se haya vuelto más simple.
Porque ejecutar no es solo producir algo. Ejecutar exige ir más allá: exige pensar, pensar cómo hacer, pensar mientras se hace. Es tomar decisiones frente a situaciones que no estaban en el plan original. Es ajustar el camino cuando la realidad no corresponde a la idea.
Tal vez por eso hoy es posible observar algo curioso: discursos sofisticados, resultados impresionantes y, aun así, poca excelencia.
Porque la excelencia no depende solo de inteligencia técnica, títulos académicos o éxito financiero. La excelencia depende de la capacidad de atravesar el proceso que conecta una idea con el mundo real. Ese proceso exige algo raro: pensamiento crítico.
Y aquí aparece un problema que va más allá del campo profesional. Toca directamente la forma en que aprendemos.
La jaula de hierro y la educación
El sociólogo Max Weber describió algo semejante al analizar las estructuras modernas de la sociedad. Utilizó la metáfora de la jaula de hierro para explicar cómo sistemas altamente racionalizados pueden terminar aprisionando a las personas en rutinas burocráticas y previsibles.
Este fenómeno también aparece en la educación. Cuando el aprendizaje se concentra solo en contenidos y resultados medibles, algo importante se pierde.
Se pierde el espacio de la experiencia.
Se pierde el espacio de la reflexión.
Y sin experiencia y reflexión, el pensamiento crítico difícilmente se desarrolla.
Por eso la experiencia se volvió tan importante en la educación contemporánea. Las experiencias ponen el pensamiento en movimiento. Crean situaciones en las que alguien necesita decidir, interpretar y ajustar caminos.
Acercan aquello que muchas veces permanece separado: teoría, acción y reflexión.
Gran parte de los sistemas educativos actuales fueron organizados para transmitir contenidos y medir resultados. Notas. Exámenes. Indicadores.
Pero rara vez estos sistemas se organizan para desarrollar aquello que la ejecución exige: experimentación, reflexión, ajuste y pensamiento crítico.
Cuando eso ocurre, el espacio para la reflexión disminuye. Las reglas pasan a orientar las acciones. No necesariamente el pensamiento.
Y es precisamente en ese territorio donde surgen preguntas importantes.
Si el pensamiento crítico y el conocimiento real nacen de la experiencia, entonces la enseñanza no puede ser solo transmisión de contenido. Necesita crear experiencias que provoquen reflexión. La experiencia, cuando se acompaña de reflexión, se transforma en aprendizaje. La excelencia nace en el camino entre una cosa y otra.
En mi caso, mientras aprendo a trabajar con educación, algunas preguntas aparecen con frecuencia:
¿Cómo transformar el conocimiento en algo que pueda vivirse?
¿Cómo diseñar experiencias que hagan pensar, explorar y aprender?
Estas preguntas no son nuevas. Ya existen muchas respuestas para ellas. El pragmatismo educativo sigue esta lógica. La diferencia aquí es que intento responderlas dentro de la experiencia que estoy adquiriendo con la ejecución.
Esta lógica me llevó a afirmar que la excelencia no está en el discurso. Tampoco está en el resultado.
La excelencia está en la ejecución.
Proyectos y la Ejecución
Y este principio no es solo una reflexión. También aparece en la lógica de los proyectos presentados en este sitio.
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Radio Hunter
El jugador vive la experiencia de investigar un misterio. Recoge pistas, interpreta información y toma decisiones para avanzar en la historia. El aprendizaje surge a partir de las acciones, elecciones y descubrimientos realizados por el jugador a lo largo de los desafíos e interacciones propuestas.
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Puller
El estudiante vive la experiencia de utilizar recursos aplicados a la radioprotección. Consulta datos, realiza cálculos y usa información para resolver situaciones concretas de su área de actuación. El aprendizaje surge del uso práctico de estas herramientas.
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Microexperiencia de investigación científica
Docentes en formación viven la experiencia de tomar decisiones sobre el uso de tecnología dentro de situaciones educativas simuladas. Eligen estrategias, analizan consecuencias y luego reflexionan sobre esas elecciones.
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Juego terapéutico para Parkinson
El paciente vive la experiencia de ejecutar movimientos e interactuar con estímulos cognitivos dentro de una actividad lúdica. La mejora ocurre durante la práctica de la actividad, no solo por la explicación del ejercicio.
Estos proyectos me trajeron nuevas preguntas que me llevarán a otros proyectos.
Ejecución.